El problema no es la cama, sino a quienes están acostando en ella

Para nadie es un secreto que la gran mayoría de quienes militan en un partido político lo hacen con la esperanza de obtener un empleo en la administración pública. Desde hace años el sector público se ha convertido en el consuelo y paño de lágrimas de todas las personas que por una u otra razón no encuentran espacios de trabajo en el sector privado. Personas que son marginadas del sector privado por su “avanzada” edad o por no tener la preparación requerida encuentran en los empleos públicos una nueva oportunidad de sentirse seres productivos y que aportan al desarrollo de sus familias y de su país.
 

Ciertamente, no todos los desempleados caben en el tren gubernamental. Imposible seria para cualquier Estado convertirse en empleador de todos sus ciudadanos sin que esa práctica afecte de manera negativa las finanzas estatales.

 

Así como de cierto es que no todos los desempleados caben en la administración pública, igual de cierto es que los que vayan a entrar deben ser seleccionados, en una gran parte, de la cantidad de hombres y mujeres que se ganaron su espacio a través del trabajo político.

 

Personas que sacrificaron sus familias, su tiempo y en muchos casos hasta sus recursos, ven hoy con asombro como los espacios que les corresponde son ocupados por personas que no hicieron ni aportaron nada para que el Partido alcanzara sus objetivos y jugara un rol preponderante en la consecución del poder.

 

Hoy son las “amigas” y cercanos que se sirven con la cuchara grande de una bandeja de comida que no ayudaron a cocinar.

 

Con el pasar del tiempo la paciencia se agota y con ella crece el desencanto y la frustración hacia una situación que se repite proceso tras proceso pero que un día tendrá que tener un fin.

 

Mientras los cuentos y las excusas se repiten por meses las bases solo están a la espera de los hechos. Para las bases solo una frase cuenta: “Vale más una onza de hechos que una tonelada de palabras”.

 

Las bases son más inteligentes de lo que muchos pseudos líderes creen. Saben lo que se puede y lo que no; saben de la verdad y la mentira; saben y están conscientes de que no hay cama para tanta gente; pero les irrita y les molesta cuando se quieren burlar de su inteligencia, ya que ellos saben de sobra que el problema no es la cama, sino a quienes están acostando en ella.

 

Por Rafael Alfredo Marcano Guzmán

Facebook: Rafael Alfredo Marcano Guzmán

Twitter: @RalfredoMarcano

Instagram: rafaelmarcanog

 

 

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